"Antes de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu casa". (Proverbio chino)


Hogares verdes es una iniciativa dirigida a personas preocupadas por el impacto ambiental y social de sus decisiones y hábitos cotidianos que promueve el autocontrol en el consumo doméstico de agua y energía, propone medidas y comportamientos ahorradores y fomenta una compra más ética y más ecológica



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lunes, 17 de agosto de 2015

Compartir tren es lo mejor

Haciendo una cómica alusión a la canción infantil “andar en tren” y motivado por nuestra compañera Ester Bueno, quiero aprovechar la oportunidad que nos brinda el blog de Hogares Verdes para compartir una experiencia de lo más enriquecedora.

No cabe duda las ventajas ambientales que aporta el transporte público, en este caso el ferrocarril (bajo consumo energético y mínimas emisiones, además de las últimas iniciativas para aplicar energías renovables), pero en este caso, los tres ejes de la sostenibilidad se dan la mano en una forma cada vez más popular de participar en una movilidad sostenible. Utilizas un medio de transporte con menor impacto ambiental, te ahorras “un dinerito” y además participas en redes sociales, tanto virtuales como reales. Sí, estoy hablando de las últimas iniciativas para compartir tren.

Las líneas de Alta Velocidad Española unen núcleos urbanos en trayectos rápidos y cómodos, pero muchas veces, no son aptos para todos los bolsillos. Desde hace unos años, ofrecen tarifas más económicas a través de las mesas compartidas, en las que te comprometes a comprar los 4 billetes de una mesa (4 asientos enfrentados) a cambio de unos precios más asequibles. Ante la necesidad de querer aprovechar esta oferta, y teniendo en cuenta que muchas veces no viajamos con 3 acompañantes, el ingenio ha surgido a través de las redes sociales, creando grupos en Facebook, o bien webs específicas, donde puedes buscar a personas que quieran compartir mesa para completar los 4 billetes necesarios.

Analizaremos más a fondo el grupo específico de la conocida red social, se llama “Compartir Tren Mesa AVE”. Tan sencillo como acceder al grupo, seleccionar origen, destino y fecha preferente para viajar y puedes comprobar quién busca personas para compartir, o bien alguien que necesita vender su billete y lo ofrece a mejor precio. Igualmente puedes comprar tu tarifa mesa, y ofrecer a través de la aplicación los asientos que te restan para completar la mesa. Esto te permite contactar directamente con todos los usuarios interesados a través de mensajes públicos, o bien con usuarios concretos y/o interesados a través de mensajes privados.

Una duda que surge entre los nuevos usuarios es el tema del pago. Normalmente, si nadie ha comprado el billete previamente, se acuerda quien lo compra, y el resto le hace una transferencia con el precio del asiento. Una vez recibida la cantidad acordada, el comprador envía a través de la propia RRSS o de correo electrónico el billete correspondiente.
Se crea por tanto, no solo una red social de usuarios con un mismo interés, sino una red de confianza en la que el buen hacer es la tónica del grupo. Además, para viajes que previsiblemente ibas a hacer sin compañía, en la mayoría de los casos, cuentas con acompañantes de mesa con los que compartir experiencias y un agradable rato de charla.

Tal y como hemos citado, éste grupo de Facebook es uno de los más utilizados por su comodidad, pero son innumerables las páginas webs creadas para este uso. Algunos ejemplos son www.compartetren.com, www.amigoseneltren.com o www.carpling.com/es/train donde igualmente se pueden buscar mesas para compartir, o bien hacer una compra/venta de billetes a precios más económicos.

Aprovecha la época estival y disfruta de la iniciativa de compartir tren.

Francisco Castillo. Educador Ambiental Observatorio de Medio Ambiente Urbano (OMAU). Ayuntamiento de Málaga

miércoles, 1 de julio de 2015

El pan rallado casero o cómo no hacer polvo el mundo que nos rodea

El pan es uno de los alimentos básicos en nuestra cultura gastronómica y, aunque en los últimos años ha ido perdiendo protagonismo en nuestra dieta, todavía es bastante habitual que en nuestras casas se compre pan diariamente y nos acaben quedando restos que, al ser en poca cantidad y no merecer la pena guardarlo para otros usos (tostadas, picatostes o como ingrediente adicional en platos como sopas o dulces), normalmente acaban en el cubo de basura. Ese simple gesto de tirarlo a la basura día tras día al final supone una importante cantidad de alimento y dinero que se desaprovecha.

Por eso conviene recordar que el aprovechamiento más sencillo que podemos hacer de él y que asegura su mejor mantenimiento a lo largo del tiempo, es transformarlo en pan rallado y para eso solo necesitas pan que sobre y una simple picadora eléctrica de cocina, o en su defecto un rallador y ¿muchas ganas de que al cubo de basura vaya la menor cantidad de alimentos posible!.

Algunos consejos

Aunque el procedimiento no puede ser más sencillo, te dejamos algunos consejos para que sin tener que complicarte demasiado al prepararlo, el resultado sea perfecto:
  • Secar las sobras de pan: hay quien utiliza un horno pero no merece la pena el gasto eléctrico que supone, basta con cortar el pan en pequeños trozos, introducirlos en una bolsa de tela que puede colgarse en una zona de corriente de aire y si se quiere añadir unas hojas de laurel que absorberán la posible humedad. Dependiendo de la zona donde vivas el tiempo de secado varia, pero con 2 ó 3 días debería ser suficiente. La prueba definitiva de que esta en su punto es la del tacto, si lo presionas con los dedos y no eres capaz de deformarlo ni romperlo, ¡es el momento de rallarlo!.
  • Puede rallarse con un rallador, pero además de ser más inestable a la hora de utilizarlo, corres el riesgo de arañarte los dedos y al final acabas desaprovechando parte del pan. La herramienta más segura, limpia y rápida es una simple picadora eléctrica de cocina. Además puedes elegir el grado de textura del pan, más grueso o más fino. 
  • Una vez rallado, ya puedes "personalizarlo" según tus preferencias de uso con perejil y ajo picado, mezclado con frutos secos, con harina...
  • Ahora solo queda almacenarlo hasta su uso. Algunas personas aconsejan congelarlo, pero no es necesario, basta con meterlo en una bolsa tipo zip con algunas hojas de laurel o en un frasco de cristal y durará bastante tiempo.
¿Y cómo lo uso?

El primer uso que se nos viene a la cabeza al pensar en pan rallado es para hacer los fritos más crujientes mediante empanados o rebozados, pero también tiene otros usos que suelen pasar más desapercibidos:
  • Hacer gratinados más crujientes.
  • Dar una base más consistente a pasteles salados.
  • Aglutinar masas (albondigas, filetes rusos...).
  • Espesar salsas y cremas.
Motivaciones "extras Hogares Verdes"  para rallar el pan.

Además de las cuestiones éticas y sociales que plantea el hecho de tirar comida cuando con ella se podría alimentar a millones de personas que se encuentran en estado de extrema necesidad, el despilfarro de alimentos tiene otras implicaciones ambientales:
  • Huella hídrica de la producción, manipulación y transporte de los alimentos que finalmente no se consumen 250.000 mill m3 de agua/año (estimaciones de la FAO recogidas en su informe de 2013 "La huella del desperdicio de alimentos: impacto en los recursos naturales").
  • Huella de carbono muchos de los alimentos desechados acaban en vertederos donde durante su descomposición se convierten en una importante fuente de emisiones de Gases de Efecto Invernadero 3.300 mill Tn CO2 /año.
  • La ocupación de terreno el 30% de la superficie agrícola mundial se dedica a producir los alimentos que después serán desechados en vez de para otros cultivos o usos.
  • Coste económico no solo se considera las inversiones económicas necesarias, sino también el coste del tiempo y mano de obra empleados, que finalmente no sirve para nada. Si se considera el precio medio al que lo vende el productor (no el que llega al consumidor final), se pierden unos 580.000 mill euros/año.
RECETA PASTEL DE ALCACHOFAS (para 4 personas)
  1. Precalentar el horno a 180ºC
  2. Pochar la cebolla y ajo picado y escurrir el exceso de aceite. Reservar.
  3. Escurrir y trocear 2 latas pequeñas de alcachofas en conserva.
  4. Batir 2 huevos y mezclar con las alcachofas, la cebolla y el ajo, 250 ml de leche, 25 gr de queso rallado, taquitos de jamón, albahaca, perejil picado, sal y pimienta.
  5. Engrasar el molde con aceite, espolvorear con pan rallado hasta conseguir una capa fina. Verter la mezcla, cubrir con más pan rallado y el resto del queso rallado.
  6. Hornear a 180ºC durante 30 minutos. Gratinar unos 10 minutos ...¡y a disfrutar, buen provecho!
 María del  Mar Arjona. Educadora ambiental de ECOEMOTION

martes, 16 de junio de 2015

El Avicompo de Noáin: restos orgánicos por huevos


Los residuos orgánicos domésticos han servido como abono de cultivo y alimento a animales de corral, desde el Neolítico hasta el siglo XX, cuando el cambio de los hábitos de consumo en la sociedad provocó que estas prácticas se abandonasen y la mayoría de estos residuos acabaran siendo desaprovechados materialmente en vertederos o incineradoras. Vivimos de espaldas a los residuos que generamos y nos limitamos a pagar a terceros por su gestión, sin importar demasiado su destino final mientras no molesten.

Sin embargo, cada vez más ciudadanos en el medio rural y urbano, toman conciencia de esta situación y buscan la forma de aprovechar esa materia orgánica para conseguir una gestión agroecoló­gica que sea responsable y beneficiosa ambiental, social y económicamente.

El compostaje comunitario implantado principalmente en Navarra, Cataluña y País Vasco ha demostrado ser un sistema de gestión de estos residuos eficiente, participativo y educativo. Pero precisa de incentivos directos para que no quede limitado a personas con especial sensibilidad ambiental.

En enero de 2013 se instaló en Noáin (Navarra) el Avicompo. Su objetivo es fomentar la participación de las familias en la gestión de sus residuos orgánicos por compostaje comunitario mediante la creación de un estímulo directo: la producción de huevos y la experiencia de ser mini-ganaderos una vez al mes.


Consiste en una sencilla instalación de bajo coste ideada por la Universidad Pública de Navarra y el consultor Ramón Plana, diseñada por la empresa Vermican y construida por la empresa social Elkarkide. Compuesta por 3 compostadores cúbicos de 1200 L incorporados en un gallinero con acceso a dos pequeños patios exteriores. Las 30 familias voluntarias llevan diariamente sus restos de comida y cada día del mes le corresponde a una de ellas aportarlos al Avicompo. La presencia de 10 gallinas y 1 gallo, que se alimentan casi exclusivamente de los restos orgánicos depositados en el primer compostador, contribuyen a optimizar el proceso de compostaje gracias a la tritu­ración de los restos más fibrosos y su mezclado. La familia también realiza la gestión, mantenimiento y limpieza del gallinero y retira los huevos producidos ese día, un incentivo directo por responsabilizarse en la gestión de sus residuos orgánicos.  

El Avicompo se encuentra en el Parque de Los Sentidos de Noáin, junto a una huerta comunitaria supervisada por la fundación Varazdin y que usa el compost producido.

Experiencia de éxito técnico y social: colaboración + participación
En el primer año se aportaron 4.740 kg de residuos orgánicos, de 6,5 a 20,7 kg/ día, y más de 200 kg de restos de poda. Se generaron 1.884 kg de compost de alta calidad, maduro, sin elementos extraños, mínimo contenido en metales pesados (Clase A) y libre de patógenos de acuerdo al RD 506/2013. El proceso de compostaje se desarrolló normalmente, con una intensa fase termófila de más de 40 días con temperaturas de 65ºC. No se detectaron olores, ruidos, lixiviados, presencia de insectos u otras posibles molestias. La mayoría de los miles de visitantes del parque no se percataron de que allí mismo se gestionaban 5 toneladas de residuos de cocinas de la zona. El bienestar animal fue muy elevado y en total los participantes recogieron 2400 huevos de alta calidad y seguridad alimentaria.

La inversión inicial y el coste de mantenimiento fueron mínimos y asumidos sólo por los participantes. En las encuestas realizadas la implicación y satisfacción de los usuarios se valoró como “sobresaliente”, siendo el aspecto que más se valora el contacto con los animales, considerándolos como sus mascotas. Los visitantes del parque han valorado con “notable” la iniciativa, destacando su función de ocio y pedagógica al acercar el mundo rural a las ciudades y facilitar la comprensión del origen de los alimentos a los niños y niñas. Actualmente hay una larga lista de espera de familias para participar en la experiencia.

Conclusiones
La facilidad de manejo y sencillez del Avicompo y los incentivos generados (huevos, compost y mascotas) permitieron alcanzar elevados niveles de participación e implicación de los usuarios en la gestión directa de sus residuos orgánicos. Es un exitoso ejemplo de economía circular basado en la participación ciudadana al aprovechar sinergias entre agricultura, ganadería y gestión de residuos para fomentar el ocio activo y la educación ambiental.

Os animamos a divulgar y visitar esta experiencia reproducible en zonas urbanas como rurales.
 


Monika Usanos. Técnica del Ayuntamiento de Noáin-Valle de Eloz

lunes, 8 de septiembre de 2014

Año y medio con una compañía eléctrica: valoración de una consumidora satisfecha

Estamos en septiembre. El arranque del curso, tras las vacaciones, nos obliga y nos predispone al mismo tiempo a pensar en los meses próximos, a organizarnos, a proponernos retos y cambios. Un buen momento para replantearse, entre otras cosas, en qué compañía eléctrica depositamos nuestra confianza y nuestro dinero. Yo lo hice hace ya año y medio, tiempo suficiente para poder valorar y compartir algunas impresiones sobre mi nueva compañía eléctrica. Resulta extraño, en estos tiempos que corren, pero voy a hablar bien de una empresa energética.

Tengo que empezar desvelando que no es una de las cinco grandes que se reparten el bacalao energético español, sino una modesta cooperativa de energía limpia de las que últimamente han surgido, cual saludable vientecillo, para orear el enrarecido panorama del mercado eléctrico y ofrecer una alternativa a los consumidores más conscientes o más hartos.

Som Energia es, efectivamente, una cooperativa de consumo de energía verde, sin ánimo de lucro, que se creó en diciembre de 2010 con 150 socios y reúne a día de hoy a más de 15.750 (y 17.800 contratos de electricidad). Sus principales actividades son la comercialización de energía de origen 100% renovable, así como la puesta en marcha de proyectos propios de producción (sol, viento, biogás, biomasa, etc.) financiados con aportaciones voluntarias de socios. Todo esto está muy bien pero, hablando estrictamente como consumidora-receptora de sus servicios, ¿qué diferencias he percibido y qué valoro más?

En primer lugar, hay que decir que el cambio de compañía es cómodo y sencillo, y únicamente obliga al paso previo de convertirse en socio de la cooperativa aportando 100 €, reembolsables si te das de baja. En menos de un mes desde el alta como socio y la solicitud de contrato, recibes un aviso confirmando que la empresa distribuidora ya ha activado el nuevo contrato, de forma que el paso de una a otra empresa no supone incidencia alguna en el suministro. A partir de ese momento, tienes la tranquilidad de saber que tu consumo doméstico proviene de fuentes limpias y que tu dinero contribuye, aunque sea mínimamente, a apoyar una transformación del sistema energético en España hacia un modelo renovable, eficiente y en manos de la ciudadanía.

Pero, además de esto, se producen cambios interesantes en lo que se refiere a comunicación. Habitualmente, todo lo que rodea al mundo de la factura eléctrica, desde la producción al consumo, está envuelto en una nebulosa de dudas y desconfianza. Som Energia aporta a sus cooperativistas-consumidores una información clara y un trato personalizado que se agradecen enormemente. Veamos algunos ejemplos:

La factura es limpia y fácil de leer e interpretar, identificando con claridad: el gasto correspondiente a la potencia contratada, a la energía activa realmente consumida, el impuesto eléctrico, el alquiler de equipo y el IVA. En el reverso, viene la información habitual correspondiente al origen e impacto de la electricidad, encabezada por este párrafo aclaratorio: “Si bien la energía eléctrica que llega a nuestros hogares es indistinguible de la que consumen nuestros vecinos u otros consumidores conectados al mismo sistema eléctrico, sí es posible garantizar el origen de la producción de energía eléctrica que usted consume” y complementada con datos concretos del origen certificado de las fuentes de energía limpia que comercializa la compañía:


En todo caso, la parte más novedosa se refiere a un servicio que la cooperativa puso en marcha en febrero de este año, a raíz de la colaboración establecida con la empresa effipeople, y que permite a los usuarios disponer de una herramienta para la reducción del consumo eléctrico: se trata del Informe Energético Personalizado, que ayuda a comprender mejor el consumo de nuestra casa, a tener referencias a partir de comparaciones con hogares de características similares, o nos proporciona recomendaciones de ahorro útiles para nuestra situación concreta.

La gráfica siguiente forma parte de uno de estos informes, y en ella se representa de una forma muy simple cómo es mi consumo, en un mes concreto, respecto a “mis vecinos”, e incluso al subgrupo de “mis vecinos más eficientes”:


La duda que surge (a mí me surgió y les pregunté) es quiénes son “mis vecinos” y la respuesta es que se seleccionan por ser hogares de la misma población o cercanos, con la misma tarifa y potencia contratada, y con similar superficie, ocupación y equipamiento (esta aclaración no aparecía en los primeros informes y ahora, como veis, la han incorporado).

Esta comparativa es una información estimulante, tanto en caso de salir malparado -pues te anima a mejorar- como en el de conseguir una buena posición –pues te llena de sano orgullo y satisfacción-. Pero quizá lo más interesante es el hecho de que las comparaciones no se hacen con “medias de consumo de hogares españoles”, sino con datos de casas reales y con circunstancias parecidas, merced a la posibilidad que ofrece la herramienta, a través del Cuadro de Control Personalizado, de añadir información concreta sobre la propia casa y, por tanto, adecuar el informe para hacerlo cada vez más útil.

Así pues, en cada Informe Energético Personalizado se incluyen algunos consejos de ahorro que tratan de ajustarse a las características del hogar, y que están seleccionados a partir de una variada panoplia de 59 recomendaciones, muy bien planteadas y clasificadas por categoría, coste y estación, accesibles en la web de Som Energia: https://controlenergia.somenergia.coop/Recommendations 


La acumulación de información a lo largo de los meses da la posibilidad también de ofrecer interesante información sobre la evolución del consumo que, en este caso, viene también presentada en formato comparativo, como se puede ver en este gráfico que recoge un año completo:


Hay una posibilidad adicional que se ofrece y que consiste en proponerse un ahorro determinado, a modo de reto con uno mismo, a alcanzar en un año. El Informe te va ofreciendo información de cómo vas avanzando hacia tus objetivos de ahorro:


En fin, Som Energia es una compañía eléctrica peculiar, tan interesada en que sus clientes ahorren como ellos mismos; una empresa en la que el lucro y el reparto de beneficios entre los accionistas no determina la actividad; y una cooperativa de personas que quieren que su consumo genere el menor impacto ambiental y social posible.

Bueno, ¿y esto cuánto nos cuesta? No es lo más importante pero también cuenta. En este caso, te recomiendo que vayas a un web de comparación de tarifas eléctricas y saques tus propias conclusiones… Yo ya lo hice.

María Sintes

martes, 21 de enero de 2014

Compromiso y voluntariado ambiental en familia

Padres y alumnado, convocados por el AMPA, plantan
árboles en una zona afectada por un incendio
La conservación del territorio y del medio ambiente requiere de la implicación de toda la sociedad, de la implicación de todos los ciudadanos, desde los comportamientos individuales pero también desde los colectivos. Para favorecer la concienciación y la corresponsabilidad en la conservación del medio ambiente en los distintos ámbitos de la sociedad, existe un amplio abanico de estrategias que se apoyan en las herramientas de la educación ambiental, como son la información, la capacitación o el voluntariado. 

En este post voy a comentar algunas iniciativas que fomentan el compromiso y el voluntariado ambiental en el ámbito familiar a través de la comunidad escolar, y que además favorecen la participación de la población local en la conservación del medio. 

El pequeño de mis dos hijos estudia educación secundaria en un instituto de Burjassot, el IES Comarcal, cuyo alumnado procede de la ciudad de Burjassot y de los municipios vecinos de Godella y Rocafort, en el área metropolitana de Valencia. La Asociación de Madres y Padres (AMPA) de este instituto está empeñada en impulsar la educación y el voluntariado ambiental en sus familias a través de diferentes experiencias que os relato:

Participando activamente en el programa Llars Verdes

La versión de Hogares Verdes en mi comunidad autónoma es Llars Verdes, programa que impulsa y coordina el Centre d’Educació Ambiental de la Comunitat Valenciana donde, por cierto, trabajo. El pasado curso se sumaron Burjassot y Godella a Llars Verdes, desarrollando el programa conjuntamente. El AMPA del instituto participó activamente en la difusión de la convocatoria y aportó la tercera parte de las familias involucradas. Gracias a esta implicación, los ayuntamientos de Burjassot y Godella permitieron participar en Llars Verdes a familias residentes en Rocafort que forman parte de la Asociación. 

El AMPA, además de difundir y aportar familias al programa, también contribuyó a la divulgación de sus contenidos a través del blog de la asociación, donde se colgaron comentarios sobre el éxito de los talleres y se compartieron enlaces a vídeos de interés que se distribuyeron en los mismos.

Custodiando el territorio con La Codolla, una asociación local de voluntariado ambiental 

Sabemos de los valores naturales de nuestros bosques y de los beneficios que nos procuran, tanto ambientales como económicos y sociales. La custodia del territorio es una estrategia que promueve acuerdos voluntarios entre propietarios, agentes públicos y privados y las denominadas entidades de custodia, para la conservación y el uso sostenible de los valores naturales, culturales y paisajísticos.

En el invierno del año 2012, mi compañero de trabajo Víctor, que pertenece a la asociación de voluntariado ambiental La Codolla, me invitó a participar en la reforestación de la Serra d’Agullent, una sierra que había padecido un incendio hacía un año aproximadamente. Así que se me ocurrió proponerlo al AMPA del IES Comarcal. Organizamos una jornada familiar un domingo del mes de febrero. Viajamos en autobús hasta la Serra d’Agullent, donde Víctor nos guió en un itinerario precioso por una parte de la sierra que no había sido afectada por el fuego. La excursión acababa en una zona quemada, donde nos esperaban otros voluntarios de La Codolla con las plantas y las azadas para poder llevar a cabo la repoblación. Después de plantar unos cien plantones, comimos juntos en un agradable paraje y regresamos a casa. En el desarrollo de la actividad participamos la asociación de voluntariado ambiental, el ayuntamiento de Agullent –que subvencionó la producción de las plantas-, el AMPA del IES Comarcal y el ayuntamiento de Godella –que subvencionó el viaje en autocar-.

Esta actividad fue muy bien valorada por todos los asistentes, los chicos y los padres lo pasamos bien y regresamos con la satisfacción de haber contribuido a la recuperación de uno de nuestros bosques. Así que repetimos la acción un domingo del pasado mes de febrero de 2013, y comprobamos sobre el terreno cómo habían prosperado nuestras plantas y cómo se estaba regenerando la vegetación.

Promoviendo la sostenibilidad en la semana cultural del instituto

En la semana cultural que organiza el instituto, en los últimos años el AMPA ha organizado un mercadillo de intercambio entre los estudiantes con el fin de fomentar la reutilización, así como un sorteo de una bicicleta entre los alumnos para promover la movilidad sostenible.

Podéis consultar los posts sobre estas iniciativas en el blog del AMPA del IES Comarcal: ampaiescomarcal.wordpress.com

Anna Pons

viernes, 17 de enero de 2014

La Huella Ecológica: divulgación ambiental para todos

Este mes se ha emitido la última de las 13 entregas del programa "La Huella Ecológica", que el periodista y divulgador ambiental Clemente Álvarez ha realizado para la 2 de Televisión Española.

A lo largo de cuatro meses, Clemente ha ido recorriendo diversos puntos de la geografía española y se ha metido en hogares muy diferentes para ilustrar de qué manera podemos reducir nuestro impacto ambiental, así como los gastos asociados a nuestros consumos habituales.

Los asuntos abordados también han sido variados: desde el consumo de agua o de calefacción hasta el impacto de la electricidad o el coche, pasando por el reciclaje de latas o la introducción de la biomasa en las calderas domésticas... todo un abanico de temas -esta vez sí- de interés general.

El programa, de unos 10 minutos de duración, se caracteriza por una aproximación sencilla y práctica a las consecuencias ambientales de nuestros hábitos cotidianos y a las fórmulas que tenemos a nuestra disposición para disminuir los impactos sobre el entorno y sobre el bolsillo, una perspectiva tan pragmática como eficaz para llegar a un público amplio e incluso con escasa conciencia ambiental.

Todos los programas están disponibles en la web de Televisión, y son altamente recomendables desde el punto de vista de su uso didáctico, por lo que os dejamos el enlace aquí.

¡Enhorabuena, Clemente, y confiamos en que "La Huella Ecológica" tenga continuidad!

martes, 20 de agosto de 2013

Limpieza sin tóxicos: recetas que preservan la salud

He vivido casi veinte años con un deterioro progresivo de salud que ha llegado a afectar a mi calidad de vida severamente. Un conglomerado de síntomas han ido limitándome tanto a nivel físico como cognitivo. Tras sucesivos diagnósticos: fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, patología mitocondrial, sensibilidad química múltiple y sensibilidad electromagnética, he ido descubriendo que en buena medida mis problemas de salud estaban provocados por el ambiente y que puedo mejorar mucho si realizo un control ambiental consciente.

Todos creemos que el aire de las ciudades está más contaminado que el de las casas, donde los occidentales pasamos el 90% de nuestro tiempo. Sin embargo, un estudio realizado por Greenpeace descubrió que el aire del interior de nuestros hogares puede estar mucho más contaminado que el del exterior. Analizó el polvo doméstico de 22 viviendas de España, Francia, Eslovaquia y Reino Unido y descubrió que todas tenían sustancias tóxicas (1 miligramo de tóxicos por gramo de polvo analizado). Existe una gran cantidad de sustancias químicas tóxicas que se acumulan en el polvo y en el aire de nuestras casas: compuestos orgánicos volátiles procedentes de pinturas, barnices, aglomerados, tapicerías, ambientadores, productos de limpieza, productos de aseo, etc...En nuestros hogares pueden encontrarse formaldehído, benceno, ftalatos, xileno, bisfenol A, resinas epoxi, compuestos organoestánnicos, nonifenol, plomo, arsénico, cloruro de metileno, pentaclorofenol, alquifenoles, inhibidores de llama halogenados o bromados, etc. Se nos pondrían los pelos de punta si supiéramos los efectos que este cóctel de sustancias tienen para nuestra salud y para la de todos los seres vivos. Entre otras cosas, son cancerígenos, neurotóxicos, alergénicos y actúan como disruptores hormonales. Por eso la primera medida a tomar es ventilar al menos cinco o diez minutos en invierno y el mayor tiempo posible en verano.

No me ha quedado otro remedio que investigar y aprender mucho, he cambiado muchos de mis hábitos, pero he descubierto que esto no es sólo bueno para mí, que he mejorado mucho, sino para toda mi familia y para la gente que me rodea. Veo además que las medidas que he ido tomando benefician al Planeta, pues hacen que mi hogar y lo que de él proviene sea verde y no contaminante. Y además he descubierto que en buena medida, estas medidas simplifican e incluso abaratan mi vida.

Habría muchas cuestiones que os podría contar, pero me centraré en un aspecto muy concreto: la limpieza.

Cuando tomé conciencia de que muchos de los productos que utilizaba eran muy poco saludables, vacié mi armario de la limpieza. Lo primero que me sorprendió fue la cantidad de productos diferentes que utilizaba para limpiar. No exagero nada si os digo que tenía entre veinte y treinta productos: diversos tipos de detergentes para lavar a mano y a máquina, suavizante, lavavajillas, desengrasantes, limpiametales, limpiacristales, amoniaco, lejía, limpiahornos, limpiador para el baño y para vitrocerámicas, ceras, limpiamuebles, etc., etc., etc. Todo eso que yo tenía en mi armario pasaba al aire que yo respiraba y al agua que yo utilizaba para limpiar y de allí, inevitablemente, acababa en los ríos.

He descubierto que puedo hacer perfectamente la limpieza utilizando tres productos ecológicos: detergente para lavadora, detergente para lavavajillas y detergente líquido para fregar (Este es mi limpiador multiusos. Vale igual el jabón de toda la vida, pero a mí me es más cómodo y versátil si es líquido, pues lo puedo añadir al cubo de fregar o al limpiador de azulejos, baños, horno o tapicerías). Utilizo también ecobolas, reduciendo a la mitad la cantidad de detergente que utilizo para los electrodomésticos. A esto añado varios productos de toda la vida que ahora empleo para la limpieza:  
Vinagre: Es desinfectante, desincrustante, elimina la cal y limpia cerámica, cristal, suelos, azulejos, etc.
Bicarbonato sódico: Tiene cualidades desodorizantes y suavizantes: lo utilizo como suavizante para la ropa, y como limpiador para hornos, metales, etc.
Agua oxigenada: Mezclada con vinagre constituye un poderoso desinfectante que sustituye a la lejía, pero hay que emplearlos correctamente como luego explicaré.
Aceite de linaza, aceite de oliva y cera virgen limpian y nutren todo tipo de maderas.
Os explicaré cómo lo hago:
  • Friego los suelos con agua caliente y vinagre. Habitualmente añado un poco de lavavajillas líquido ecológico.
  • El vinagre con un poco de agua caliente es un excelente limpiacristales (mejor aún si se limpian con un estropajo y se secan con papel de periódico), sirve para limpiar azulejos y mamparas (quita la cal si se deja varias horas y se frota con un cepillo fuerte) y da un perfecto acabado a la vitrocerámica (tras rascarla con la rasqueta y fregarla con el estropajo y lavavajillas líquido o jabón).
  • El horno queda bien fregándolo con estropajo, primero metálico y luego normal. Para hacerlo utilizo una mezcla de agua caliente, lavavajillas, bicarbonato y limón o vinagre.
  • Sustituyo el suavizante de la lavadora por tres cucharadas de bicarbonato, que blanquea, suaviza y desodoriza. Se le puede añadir un chorro de vinagre. También puede añadirse algún aceite esencial si se quiere dar olor pero, por definición, lo limpio no huele y los suavizantes, para que el olor permanezca, utilizan almizcles sintéticos y otras sustancias muy poco sanas.
  • Los muebles de madera quedan muy bien si se le pasa, de vez en cuando, un trapo impregnado de aceite de linaza, que los nutre y repara (se puede sustituir por oliva, pero me gusta más el de linaza que se encuentra en droguerías grandes).
  • Los muebles que no están barnizados los encero con una mezcla de cera virgen de abeja y aceite de linaza (hago la mezcla calentando la cera al baño de maría hasta que se funde y añadiendo aceite de linaza hasta que al solidificar queda con una consistencia untuosa que permite aplicarla con un trapo y luego sacar brillo). 
  • Si necesito desinfectar: encimeras, fregaderos, baños, utensilios de cocina, bayetas, incluso ensaladas o alimentos, utilizo una receta de Susan Sumner (científica de la Universidad Politécnica de Virginia). Sustituyo la lejía por una mezcla de agua oxigenada y vinagre. Tengo un pulverizador para cada líquido (no se deben tener nunca mezclados en un solo recipiente, pues el producto resultante no es inocuo, como lo son ambos por separado). Pulverizo la superficie a limpiar primero con una cosa y luego con la otra (si son alimentos luego se aclaran con abundante agua). Da igual el orden. Luego paso un estropajo o una bayeta. Acaba con todo tipo de bacterias: salmonella, shigella, e. colli, etc. en alimentos y superficies altamente contaminadas. En pruebas de laboratorio se ha comprobado que es más efectivo matando esas bacterias que la lejía o cualquier otro limpiador doméstico.
  • Para los baños, alterno lo anterior con lavavajillas ecológico líquido. 
  • Algunos metales, como la plata, se limpian muy bien con un trapo y bicarbonato. Para los demás utilizo un producto ecológico que se llama “piedra verde” o si no la tengo, también funciona frotar primero con medio limón y luego con un trapo que tenga vinagre y sal.
  • Los ambientadores artificiales huelen bien, pero en muchos casos llevan formaldehído, benceno, terpeno, tolueno, ftalatos y almizcles artificiales, que son disruptores endocrinos. Es más sano poner sobre un radiador agua con cardamomo, clavo o canela en rama. También se puede hacer un ambientador mezclando flores y hierbas secas (pétalos de rosa, lavanda, laurel, mejorana...), especias (clavo, canela, cáscaras secas de limón o naranja...), sal gorda y arrurruz en polvo. Se tiene la mezcla medio mes cerrada en un lugar oscuro y luego se reparte en cuencos por la casa y se le añaden aceites esenciales que se reponen cuando se agota el olor. La zeolita, el bicarbonato y los huesos de aceituna carbonizados sirven también para absorber los malos olores.
Una última cosa: las plantas ayudan a descontaminar el aire de nuestra casa, al igual que lo hacen con el de las ciudades. Cuantas más se tengan, más purifican. Absorben formaldehido, xileno, tolueno, dióxido de carbono. Algunas de las más eficaces en esta tarea son: el tronco del Brasil, la hiedra, las cintas, los ficus, el espatifilo, la drácena, el potos y la palmera. 
Blanca Salinas

lunes, 21 de enero de 2013

¿Cuánto se puede reducir el consumo doméstico de agua con el buen uso de tecnologías ahorradoras?

Hace ya un año terminamos unas pequeñas reformas en casa, que incluían algunas mejoras en el aislamiento y eficiencia energética y la implantación de tecnologías de ahorro de agua. Nuestro piso tiene más de 50 años de antigüedad y se encuentra en la cuarta planta de una manzana de 4 alturas en un popular barrio de Zaragoza: por tanto, ciudad compacta, completa, compleja, multifuncional y de servicios cercanos en la que no hay jardín ni huerto y todos los consumos son exclusivamente de interior.

Así se hizo, así lo medimos

Pasado un año de las reformas, llegó el momento de valorar el posible ahorro de agua conseguido gracias a la instalación de tecnologías ahorradoras y compartirlo con vosotros. El análisis se ha realizado, claro está, a partir de los recibos de agua, donde se indica el consumo en metros cúbicos en una fecha exacta, aproximadamente la misma con muy pocos días de diferencia cada año, lo que permite el cálculo del consumo de agua a lo largo del año natural con bastante exactitud, así como el consumo medio diario, dado que se pueden calcular los días exactos a que corresponde el consumo.

Los datos hablan: una reducción del 25% del consumo de agua respecto a la media de los 4 años anteriores

Como podéis ver en la primera gráfica, entre 2008 y 2011 (años previos a la instalación de las nuevas tecnologías ahorradoras), el consumo medio anual fue de 45,5 metros cúbicos al año, siendo muy similar a lo largo de esos 4 años. De hecho, el pequeño descenso en 2010 se debe, probablemente, a que durante dos meses una persona no vivió en casa por asuntos de salud y se redujo el consumo en esa proporción. Por tanto, datos de consumo muy homogéneos durante 4 años.

Tras la instalación de las tecnologías ahorradoras, que luego detallaremos, se pasó a un consumo en 2012 de 34 metros cúbicos, es decir un 25 % menos.
Expresado en litros por persona y día, partíamos de un consumo medio de 62,5 litros/persona y día (ya bastante bajo comparado con el consumo doméstico de Zaragoza, que está en torno a los 104 litros, o la media nacional de 144 litros, según el INE) y hemos conseguido reducirlo a 47 litros/persona y día.


Una reducción conseguida en nuestro caso por el cambio de tecnologías (ya teníamos hábitos ahorradores de agua y no los hemos cambiado)

Nuestra hipótesis es que en este caso concreto, el ahorro de agua ha venido dado casi exclusivamente por la incorporación de tecnologías ahorradoras y eficientes de agua. ¿Por qué? Porque nuestro grado de concienciación - sensibilización y nuestros hábitos, comportamientos y conductas respecto al uso y ahorro de agua no han variado mucho y son, por tanto, la variable controlada. Éramos y somos ahorradores de agua desde el principio, en un grado bastante intenso, con un consumo por persona y día casi la mitad del de nuestra ciudad. Practicamos de forma habitual, como tantas familias de Hogares Verdes, muchos comportamientos en relación al ahorro de agua.

Por ejemplo, toda el agua fría inicial de la ducha, en la operación de tanteo de temperatura, siempre la recogemos en un cubo para ser utilizada en el inodoro. Además, teníamos ya, es cierto, diversos mecanismos ahorradores baratos y “añadidos”: grifos monomando con aireadores/perlizadores, cabezal de ducha ahorradora, mecanismo de interrupción de descarga del inodoro por segunda pulsación, etc).

Por tanto, el ahorro se puede achacar en este caso casi en su totalidad al cambio de tecnologías y a los usos distintos del agua que algunas de ellas suponen.

Sin hacer nada del otro mundo, también en el ahorro de agua, la unión hace la fuerza

Los grifos del lavabo, el bidé y el fregadero de la cocina se sustituyeron por nuevos monomandos ahorradores ecológicos, con limitación de caudal, aireador-perlizador incorporado, apertura escalonada (es preciso vencer resistencia para obtener el máximo caudal) y apertura central en frío (en la posición central el grifo no mezcla, sino que da agua fría, lo que redunda en principio en ahorro energético, no de agua).

La grifería monomando de la ducha fue sustituida por una termostática muy eficiente con cabezal de ducha ahorrador, y el inodoro por uno con depósito de doble descarga de 3/6 litros.

Además incluimos un lavavajillas pequeño A++ (en ese tamaño no había en ese momento A+++) muy eficiente de 9 litros de consumo de agua por lavado, frente al anterior lavado a mano de la vajilla. La lavadora no se renovó, pero es una A++ energética, también bastante eficiente y con poco consumo por ciclo de lavado.

Los grifos se adquirieron de una marca de nuestra propia ciudad que ofrece interesantes modelos de grifos ahorradores, para fomentar el tejido empresarial local y los circuitos locales. En definitiva, se eligieron los elementos con tecnologías más ahorradoras posibles pero dentro de lo normal, sin ir, por ejemplo, a griferías de apertura automática por presencia ni nada parecido.

Si se analizan estos cambios, hay dos actores principales en el ahorro de agua conseguido: el uso de lavavajillas, muy eficiente en el uso del agua frente al anterior lavado a mano, y la cisterna del inodoro de doble descarga frente a la anterior de más volumen. Después, sería posiblemente la grifería termostática de la ducha, que evita las pérdidas de agua en las aperturas de tanteo para conseguir de nuevo la temperatura deseada, la siguiente ahorradora. Por último el resto de grifos hacen su papel esencial de actores de reparto, aunque quizá no representen tanto ahorro respecto a la anterior grifería ya equipada con aireadores.

Habrá que ver si la tendencia es consistente en los próximos años (hemos evaluado solo el 2012 completo, primer año tras la reforma), pero parece que cisterna, lavavajillas y grifería, eficientes y ahorradores, junto con su adecuado uso y los cambios en los mismos que implican, han permitido ahorrar un 25% de agua respecto al consumo anterior, en el que también se incorporaban algunas tecnologías ahorradoras pero de menor impacto y eficiencia que las actuales.

No se ahorra mucho dinero, pero… ¿y la satisfacción que da ahorrar agua?

El paso de 45,5 metros cúbicos de media a 34 en 2012 supone una reducción de 11,5 metros cúbicos. El precio del metro cúbico de agua en Zaragoza en la última factura correspondiente a 2012 era de 0,47€/m3. Esto supondría un ahorro de 5,41 € anuales en consumo en 2012 respecto a la media de los 4 años anteriores. En estos volúmenes, el precio de la factura viene dado más por los conceptos fijos que por el consumo de agua y no representa un ahorro de importancia. Incluso considerando periodos de retorno largos (15 años) sirve para recuperar solamente una muy pequeña parte de la inversión realizada.

La satisfacción de ahorrar cada litro de un recurso limitado y tan valioso e importante como el agua, no te la quita nadie. También reduces el volumen de aguas a depurar en la planta depuradora de tu ciudad.

Hábitos y tecnologías ahorradoras de agua, una pareja bien avenida

En el ahorro y uso eficiente del agua en nuestra casa podemos mejorar mucho nuestros hábitos y comportamientos y también convertir nuestras instalaciones en más eficientes.

Si ya tienes dispositivos, instalaciones y tecnologías eficientes ahorradoras de agua, piensa en cómo mejorar a través de nuevos hábitos ahorradores. En Hogares Verdes te darán muchas ideas.

Si tus comportamientos de ahorro y cuidado del agua ya son muy buenos, piensa en invertir en algunas tecnologías de ahorro de agua que los potencien.

Con la suma de ambos, tecnologías y hábitos ahorradores, es posible reducir en gran medida el consumo de agua en tu casa. Anímate a ello.

Jesús de la Osa Tomás
Técnico en Educación Ambiental
Colectivo de Educación Ambiental S.L. CEAM



miércoles, 9 de enero de 2013

¿Cuánta basura hago en un año?

Tenemos una extraña avidez por las cifras. Aunque nos confesemos cualitativos y aunque apostemos por el trato humano, la calidez de una buena charla o la frescura de un encuentro… nuestra debilidad por ponerle cifras a las cosas medioambientales … no diría yo que sea patológica pero, cuanto menos, resulta un pelín curiosa.

Y es que nos los sabemos de carreta: un español emite 8 toneladas y pico de CO2 anuales y, cada día, consume de media 140 litros de agua potable y produce un kilo largo de basura…

Es verdad que tenemos una serie de numeritos formando nuestros particulares mandamientos. Pero también es verdad que no todos los datos son iguales y que unos valen más que otros. Sí: hay datos de primera y datos de segunda. Para algunos hemos creado atractivísimas herramientas de contabilidad, calculadoras de emisiones, auditorías de agua, hasta llegar a poder memorizar los gramos de CO2 que podemos ahorrar desenchufando la pantalla del ordenador o los mililitros de agua que salvamos poniendo un perlizador en la ducha. Pero los datos de los problemas ambientales de, digamos, ‘primera generación’ (con los que empezamos hace unas décadas a construir como sociedad ese discurso que llamamos ‘medioambiental’) no han tenido tanta suerte y para ellos no hemos creado esos curiosos artilugios de contabilidad doméstica. Nos estamos refiriendo a los residuos, a la caca… que quizá por haber sido el primero de los ámbitos de nuestra preocupación, tal vez por ser sucio, quizá por resultar más aburrida la colmatación de los vertederos que el estimulante cambio climático o, puede ser, porque ingenuamente hemos creído haber resuelto ya el problema de las basuras después de años de dar la matraca con las tres erres, los kilos de porquería, han quedado relegados a un triste segundo plano en nuestro ranking de preocupaciones verdes.

Sea por lo que fuere, el caso es que nuestras sucias basuras siguen siendo unas queridas desconocidas. Con ellas no hemos profundizado más allá de ese dato oficial del kilo –largo- de basura diaria producida, ni nos hemos preguntado qué supone jugar con esa cifra desde nuestras casas, ni si esa cantidad es real o no, o cuántos gramos se puede reducir con un consumo responsable de este u aquel producto. Y no será porque sea difícil su estudio doméstico, ni porque no tengamos a mano la más útil de las herramientas para hacer un seguimiento de nuestra relación con ellas; y es que ¿en qué cocina o en qué baño no hay una báscula? Para sacarlas del olvido, a las basuras, nos hemos dedicado en casa a pesarlas durante un año, para intentar averiguar cuánta basura doméstica producimos realmente.

Olvídate del kilo por día: el reto es otro

Así, en el último año, hemos pesado toda la basura que sale de casa y que no va a parar a ningún circuito de recogida separativa confiable; en nuestra ciudad (rara avis), no hay contenedor de envases, pero sí de materia orgánica y resto. En nuestro hogar no hemos contabilizado ni la fracción orgánica (porque la compostamos en nuestro patio), ni el papel ni el vidrio, que tienen sistemas confiables de recuperación y reciclado. El resto, incluyendo parte de la ceniza de la chimenea y que no compostamos para no aumentar demasiado el pH del huerto, la pesamos en la balanza de la cocina, antes de separarse definitivamente de nuestras vidas, y apuntamos el dato en un estadillo que tenemos en la puerta del frigo.

El compostero hace magia con tus basuras
El resultado final ha ascendido a 29 kilos de basura por persona y año (1). Es poco, sí: es muy poco. Es verdad que en casa entra mucha comida a granel, que visitamos poco el supermercado, que tenemos cuidado en nuestras compras y que el compostero hace magia con los restos de patatas y naranjas… pero aún así, tiramos cada uno casi 30 kilos de recursos a la basura todos los años. Desde que pesamos nuestra basura no nos hemos autoimpuesto el reto de reducir nuestra producción de desechos, así que esa cantidad podemos estimar que es la producción normal de basuras de una familia española sensible con las cuestiones ambientales.

Con esa cifra en la mano, varias preguntas se me vienen a la cabeza… La primera: si yo produzco esa cantidad y no creo que me pueda considerar excepcional ¿de dónde sale la burrada de 500 kilos de media anuales de basura por habitante? ¿Pero cuánto marrano hay por ahí suelto? ¿O es que se está contabilizando como basura doméstica lo que no lo es? La segunda: si es verdad que 500 kilos es lo que produce mi vecino y yo solo 30 ¿porqué tengo que pagar yo con mis impuestos ese absoluto despropósito? La tercera: si se puede vivir bien (muy bien, diría yo) tirando 30 kilos de caca ¿dónde vamos como sociedad con esas dieciséis veces más (que se dice pronto) de cosas que tiramos para siempre? La cuarta: tú que eres una persona cívica y responsable, que haces todo lo posible por reducir tu huella de carbono (y de todo lo demás) sobre la tierra ¿qué haces sin pesar tu basura? Pero recuerda, cuando te pongas con ello, no uses el mantra de ‘unkiloporpersonaydía’ como referencia, que eso no se lo cree ni magú: sustitúyelo por los 30 kilos al año… y recuerda compartir en este blog cómo haces para reducirlos ¡que todos queremos aprender a hacer las cosas mejor!

(1) El lector interesado seguro que recuerda la experiencia de Dave Chameides, que abrió hace unos años un popular blog (todavía hoy activo: http://365daysoftrash.blogspot.com.es/) cuyo subtítulo explica muy bien su intención: ‘El intento de un hombre de no tirar nada fuera de su casa durante un año’. Él logró lanzar apenas 25 kilos al cubo de ‘resto’ de basura a lo largo de un año. En USA seguro que esto es todo un mérito.


Santiago Campos Fernández de Piérola. GEA scoop.


miércoles, 11 de julio de 2012

Las cuentas de mi coche, o cómo la crisis favorece repensar la movilidad personal

La mayoría de nosotros sabe perfectamente lo que paga mensualmente de hipoteca; algunos menos, lo que supone la factura de electricidad, gas o teléfono, pero… ¿tenemos idea de cuánto nos cuesta realmente el coche?, ¿conocemos cuál es su peso dentro de la economía doméstica? Yo he decidido sacar la calculadora y tratar de entender qué implica para mi bolsillo moverme en coche. ¡Y os animo a hacer el mismo ejercicio!
Vivo en Segovia, a 15 kilómetros de Valsaín, el pueblo donde se ubica mi puesto de trabajo, y los horarios del transporte público -o sea el autobús que comunica ambas localidades- no se ajustan a los míos, de modo que llevo más de una década utilizando mi vehículo particular para ir a trabajar.
Desde hace un tiempo, vengo dándole vueltas a la idea de reducir esta dependencia del coche, que en mi caso se relaciona principalmente con la movilidad laboral, puesto que el resto de mis necesidades cotidianas de desplazamiento, en una ciudad pequeña y compacta como Segovia, las resuelvo habitualmente a pie o con el servicio de autobuses municipales. Pero el coche está ahí, es cómodo, fácil y se adapta como un guante a mi peculiar horario de jornada reducida, que también hace imposible el compartir viaje con algún compañero de trabajo.
Sin embargo, la actual coyuntura de crisis favorece el saludable ejercicio de repasar las costumbres cotidianas y tratar de identificar formas de reducir gastos, de modo que me he puesto, por fin, a hacer números y entre ellos… ¡¡¡LAS CUENTAS DE MI COCHE!!!
Sí, hay muchas razones para replantearse el uso del coche, y yo tengo algunas especialmente claras: las de tipo ambiental y urbanístico, por ejemplo, pero tengo que confesar que hasta hace poco no me había parecido relevante profundizar en el enfoque económico de la cuestión. Ha llegado el momento.
He aquí los cálculos y las reflexiones que han surgido al hilo de los resultados, que comparto con todos vosotros:
·         Datos básicos del vehículo:
o   Marca y tipo: RENAULT CLIO,
o   Antigüedad: 9 años (adquirido en marzo de 2003)
o   Coste de adquisición: 10.570 €
o   Combustible: gasolina de 95 octanos
o   Consumo medio: 5,5 l/km (dato del ordenador del propio coche)
o   Kilometraje medio anual: 11.500 km/año

·         Gastos anuales[1]:
o   Reparto anual del coste de adquisición[2]: 1.057 €
o   Seguro: 290 €
o   Impuesto municipal sobre vehículos: 63,24 €
o   Mantenimiento, ITV y reparaciones: 325 €
o   Repuestos de batería y neumáticos[3]: 64,5 €
o   Multas[4]: 80 €
o   Aparcamiento[5]: 12 €
o   Gasolina[6]: 885,5 €

TOTAL: 2.777,24 € al año
2.777 € al año; 231 € al mes; 7,60 € al día… Parece una cantidad bastante imponente, sobre todo si la comparo con mi sueldo, puesto que supone reconocer que, cada año, dedico dos mensualidades a mi vehículo -en circulación y, principalmente, parado- y, ¡horror!, que en los últimos 9 años he invertido un año y medio de sueldo en costearme la adquisición y uso del coche.
Suena fatal, pero no nuevo, ya que, a finales de los años sesenta, Ivan Illich escribía en su libro Energía y equidad que “sumando al precio del coche el seguro, multas, reparaciones, estacionamientos, combustible, mantenimiento y horas perdidas en los embotellamientos, unos 11 años de nuestra esperanza de vida se destinan a sacar adelante la pervivencia de nuestro coche.”[7]
En fin, a lo que iba, que las cifras son llamativas, pero podrían serlo mucho más teniendo en cuenta que:
  • tengo un coche barato, de gama baja, que compré, ya matriculado por la casa, con la oferta de kilómetro cero;
  • al no tener garaje, mis gastos de aparcamiento son irrisorios (el precio medio de alquiler de una plaza de garaje en Segovia es de 55 €/mes, lo que aumentaría en 660 € el coste anual, y el precio medio de venta es de 22.500 €, ¡el doble de lo que costó el vehículo!);
  • no dedico ni tiempo ni dinero al lavado, acicalamiento ni tuneado de mi coche;
  • no he tenido grandes averías (todavía… los años tampoco pasan en balde para mi CLIO y pronto la obsolescencia programada de sus piezas empezará a dar que hablar).
Bien, con todos los considerandos anteriores, y convenientemente impresionada por las cuentas de mi coche… ¿qué reflexiones me surgen?
La primera, que el coche privado es un lujo que nos pasa desapercibido; la independencia y libertad que nos proporciona tiene un precio, pero a menudo es un precio desconocido o poco relevante porque no lo contextualizamos en nuestra realidad.
La segunda, que debo explorar qué alternativas realistas tengo para mi movilidad cotidiana al trabajo, con vistas a:
  • reducir el gasto dependiente del uso –gasolina, repuestos y reparaciones-
  • estirar al máximo la vida del vehículo (cuanto más dure, menos me habrá costado al año)
  • acostumbrarme a una vida sin coche, puesto que dudo mucho que vuelva a hacer una inversión así cuando acabe la vida útil de mi CLIO.
Os animo a hacer este ejercicio de realismo y enfrentaros a las cuentas de vuestro vehículo!
[1] Los cálculos están realizados con datos exactos del año 2012 para los conceptos: seguro e impuesto municipal; con datos de otros años, para hacer medias, en los conceptos: mantenimiento y reparaciones, repuestos (batería y neumáticos) y consumo de gasolina; y finalmente con aproximaciones realistas para los conceptos de: multas y aparcamiento.
[2] He decidido hacer un cálculo tipo “cuenta de la vieja”, repartiendo el coste total del coche entre 10 años de uso, que es una media de vida bastante realista -dado que he cumplido ya el noveno -, y teniendo en cuenta que, con una década, un coche ya no “vale” nada, es decir que no puedo contar con recuperar nada de la inversión de una potencial venta.
[3] He considerado un recambio de batería cada cuatro años, a un coste de 50 €, y de los cuatro neumáticos cada 40.000 km, a un coste de 180 €.
[4] 80 € es el coste estándar del tipo de multa habitual que he sufrido estos años, relacionado con el estacionamiento. He considerado una media de una infracción anual.
[5] No tengo aparcamiento ni alquilado ni en propiedad, por lo que no he imputado en este concepto más que el coste (estimado) de los tickets de aparcamiento en zona verde (mínimo: 0,60 € la media hora) o azul (mínimo: 0,30 € la media hora) que, de forma esporádica, utilizo en las calles de Segovia.
[6] El cálculo se ha hecho a partir de los datos de kilometraje medio anual y consumo medio, y de un precio medio de 1,4 €/l de la gasolina de 95 octanos (en Castilla y León, la aplicación del llamado céntimo sanitario al combustible hace que su coste sea más elevado que en el resto de España).
[7] Vicente Verdú: La otra ciudad. El PAÍS, 30 de abril de 1999: