"Antes de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu casa". (Proverbio chino)


Hogares verdes es una iniciativa dirigida a personas preocupadas por el impacto ambiental y social de sus decisiones y hábitos cotidianos que promueve el autocontrol en el consumo doméstico de agua y energía, propone medidas y comportamientos ahorradores y fomenta una compra más ética y más ecológica



viernes, 19 de agosto de 2016

Pequeños gestos

Las campañas de sensibilización ambiental nos demandan “pequeños gestos” para salvar el planeta. Sencillas contribuciones que, al parecer, pueden marcar la diferencia entre deterioro y conservación. Los pequeños gestos centran frecuentemente los mensajes de cambio enviados a los ciudadanos y protagonizan los estudios sobre compromisos personales en favor del medio ambiente. Sin embargo, es necesario reflexionar sobre el valor real de los comportamientos propuestos para avanzar hacia la sostenibilidad. 

A menudo los grandes problemas ambientales se generan por la suma de muchas contribuciones; por la agregación de acciones que, vistas de forma aislada, parecen poca cosa: utilizar el vehículo particular para ir al trabajo o comer carne a diario serían dos ejemplos de comportamientos “muchos y pequeños” que provocan grandes problemas. Pero cuando las campañas de sensibilización nos hablan de pequeños gestos, suelen referirse a otro tipo de acciones, mucho más ligeras, como apagar la luz cuando sales de una habitación o cerrar el grifo mientras te cepillas los dientes. Ante la reiteración de este tipo de propuestas, cabe preguntarse: ¿A qué nos referimos cuando hablamos de gestos “pequeños”? ¿A lo – aparentemente – modesto de una contribución personal frente al conjunto de millones de contribuciones similares… o los llamamos “pequeños” porque requieren poco esfuerzo, al tratarse de acciones “sencillas e indoloras”?

Sencillo, indoloro… ¿inefectivo?

La iluminación apenas supone un 6-7% del consumo de energía de un hogar medio en España. Por eso, apagando luces difícilmente lograremos recortes significativos de nuestra factura eléctrica. Por otra parte, cerrar el grifo mientras te lavas los dientes permite ahorrar unos 4 ó 5 litros de agua, lo que supone un 3-4% del consumo doméstico medio de un español. Desde la perspectiva de sus consecuencias, es evidente que los “pequeños gestos” pueden provocar grandes equívocos.

No se me malinterprete; defiendo que, incluso los gestos aparentemente inocuos, tienen un valor. Para empezar, poseen un valor simbólico y educativo. Apagar el interruptor de una lámpara o cerrar el grifo al lavarse los dientes han sido para muchos las primeras formas de expresar en acciones el convencimiento personal de que es necesario hacer un uso cuidadoso del agua y la energía.

Sin embargo, lo cierto es que las grandes campañas que demandan pequeños gestos pocas veces presentan estas propuestas como el inicio de un cambio más profundo. Por el contrario, frecuentemente transmiten la idea de que, para hacer frente a nuestras responsabilidades con el planeta, todo lo que necesitamos es seguir una modesta colección de sencillas y fáciles recetas, que conllevan muy poco esfuerzo.

Cuando la motivación para el cambio escasea, empezar haciendo propuestas “simples e indoloras” quizá no sea mala idea. Nada que objetar a la estrategia de empezar por lo más fácil. Pero, ¿por qué los comportamientos más promocionados son casi siempre los que tienen un impacto más reducido en nuestra huella hídrica o energética… o en nuestra factura? Puestos a promover comportamientos “simples e indoloros” ¿por qué no elegirlos también eficaces? Cambiar el rociador de ducha clásico por uno de bajo consumo es sencillo y permite reducir casi a la mitad el consumo de agua en la ducha (uno de los principales consumos de agua en el hogar) y el pequeño gasto ocasionado por la compra del rociador se recupera en unos meses por los ahorros en las facturas de agua y energía. Ponerte una capa más de ropa en casa y reducir 1-2°C la temperatura del termostato de la calefacción se traduce en ahorros que pueden superar el 10% de la factura de combustible de calefacción. ¿Por qué esos “pequeños gestos” no suelen incorporarse a los catálogos de acciones propuestas en las campañas de ahorro? Cuándo hablan de “pequeños”… ¿quieren decir también inofensivos? ¿Inocuos?

Otros posibles malentendidos

Los pequeños gestos pueden ser el punto de partida de un cambio. Pero no es posible ignorar que las campañas de “pequeños gestos” pueden generar malentendidos y efectos indeseables:

- Efecto tranquilizador: adoptar un comportamiento pro-ambiental “simple e indoloro” nos permite auto-convencernos de que somos ciudadanos ecológicos y responsables.

- Efecto sombra: cuando el foco del cambio de los comportamientos se pone sobre determinadas propuestas, otras – más profundas o relevantes – quedan en la sombra.

Estos malentendidos pueden ser involuntarios, aunque no es posible ignorar que, en ocasiones, son buscados. A modo de ejemplo, esta pieza de publicidad radiofónica que aboga por un “pequeño gesto” – adquirir un nuevo modelo de neumático ahorrador – en detrimento de una opción auténticamente relevante: dejar el coche en casa.

- Locutor: ¿Y usted qué hace para ahorrar carburante?
- Voz 1 (mujer): “Yo dejo el coche en el garaje”
- Locutor: “Vamos a preguntar al muñeco Michelin: ¿Y tú Michelin?”
- Michelín: “Yo sigo conduciendo. Porque con los nuevos neumáticos Michelin Energy Saver ahorro carburante mientras conduzco.
- Locutor: ¡Gran noticia para los conductores!
- Muñeco Michelín: Y para el medio ambiente.
- Voz en off: Michelín, la mejor forma de avanzar. Consulte las condiciones de las pruebas en
www.michelin.es

Muchas rutinas insostenibles están compuestas de “pequeños gestos” que deben ser puestos en entredicho y cambiados. Pero debemos plantear esos cambios desde el rigor y la honestidad, para evitar que nos invada una exagerada autosatisfacción por lo que a menudo sólo es un pequeño paso en la buena dirección.

@pacoherashern

jueves, 30 de junio de 2016

Microplásticos: cómo evitarlos


La imagen que estás viendo fue tomada esta misma semana en Famara, en la costa de Lanzarote. Entre las arenas de esta hermosa playa se distinguen numerosos fragmentos de plásticos: son los denominados “microplásticos”, que llagan con las olas a modo de moderna espuma marina.

Los microplásticos en la arena nos recuerdan que los mares de todo el planeta se están viendo inundados de esta indeseable masa multicolor. Una parte procede de plásticos de mayores dimensiones que, por la acción del sol, se van fragmentando progresivamente; en otros casos son restos que ya desde su origen tienen un pequeño tamaño. Quizá no seas consciente de que cada vez más productos de uso cotidiano contienen micropartículas plásticas, entre ellos diversos exfoliantes o dentífricos.

Los microplásticos aparecen en la orilla de nuestras playas, pero también en el mar profundo, en el estómago de los peces… Se han incorporado a la cadena alimentaria y aparecen en reservas de agua potable. Afectan a individuos invertebrados (reduciendo su velocidad de natación hasta inmovilizarles, lo que supone su muerte), a cetáceos (el 100% de que vararon en las costas gallegas en los últimos años había ingerido microplásticos) y dañan gravemente a algunas aves que los confunden con comida, sufriendo intoxicaciones, heridas internas, úlceras y bloqueos intestinales.

Cómo evitar los microplásticos

Las tres fuentes principales de los microplásticos que invaden los mares son:
  • Algunos cosméticos, como los exfoliantes, y dentríficos
  • La ruptura de materiales plásticos de mayor tamaño
  • Los fragmentos que se desprenden en el lavado de la ropa de tipo sintético 
Podemos reducir la cantidad de microplásticos que van a parar a los ríos y los mares siguiendo estos consejos:
  • Evitar los productos de cosmetica e higiene que contienen microplásticos: en las etiquetas que informan sobre la composición de los productos aparecen a menudo bajo el término “polyethylene”
  • Evitar usar ropa hecha a base de fibras sintéticas, y especialmente la de poliéster, que desprende cientos de fibras microscópicas cada vez que es lavada
  • Evitar el consumo de plásticos de usar y tirar (por ejemplo, las bolsitas monodosis de detergentes de lavadora y lavavajillas).
Microplásticos y cosméticos

Tal y como señala la web Sin Plástico, la presencia de micro-plásticos en nuestra cosmética (geles de ducha, champús, dentífricos, exfoliantes…) conlleva dos graves problemas:
  • Para el medio ambiente. Estas micro-partículas, al ser tan pequeñas, no son filtradas por los sistemas de depuración de aguas, por lo que viajan por la red de alcantarillado hasta llegar a nuestros ríos y de ahí, a nuestros mares y océanos. Contribuyen a crear la gran sopa de plástico en la que se están transformando nuestros océanos. 
  • Para la salud. Estas partículas afectan a la cadena alimentaria: las que han llegado a los océanos son consumidas por los peces como si fueran plancton, “plastificando” los animales que acabarán en nuestros platos. También se han encontrado plásticos en otros productos como la sal de mesa. 
La mejor forma de evitar los microplásticos en los cosméticos es evitar los productos que contengan los siguientes ingredientes:
  • El polietileno, aparece como Polyethylene (PE). 
  • El polipropileno, suele aparece como Polypropylene (PP). 
  • El polietileno glycol, suelen aparecer como PEG- seguida de un número, por ejemplo PEG-32. 
  • El Polimetacrilato de metilo (PMMA). 
  • El Tereftalato de polietileno (PET).

lunes, 20 de junio de 2016

Cocina comprometida con el clima: el libro de recetas

En la entrada anterior ("Cambiar de dieta para cambiar el mundo") hablábamos del papel crucial de nuestros hábitos alimentarios en la lucha contra el cambio climático. Pero unas nuevas formas de alimentarse requieren practicar una “nueva cocina”.

Afortunadamente, ensayar una cocina comprometida con el clima es ahora más fácil gracias al magnífico libro de recetas recién editado por la Fundación Ecología y Desarrollo y que puedes descargarte aquí gratuitamente.  

La publicación aporta un sinfín de ideas y pistas para disminuir nuestra huella de carbono desde nuestra cocina. Contiene recetas sencillas, con ingredientes habituales y fáciles de conseguir (siempre y cuando sean de temporada y no hayan recorrido cientos de kilómetros hasta nuestra casa).

En la página de la derecha figuran las recetas y en la izquierda se dan propuestas y sugerencias sobre usos y maneras para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero desde la cocina. Al final, se incluyen las recetas ganadoras y finalistas profesional y amateur del Concurso de Cocina Comprometida por el Clima, así como los enlaces para visionar su preparación.

Para cada receta se ha calculado dos huellas de carbono diferentes en función de sus ingredientes y de su modo de elaboración. La primera corresponde a la huella de la receta aplicando los ejemplos de buenas prácticas descritos en este libro (productos de proximidad, temporada, ecológicos… y elaboración eficiente (cocción): microondas, olla presión...). La segunda huella corresponde a un cálculo en condiciones más comunes: productos habitualmente encontrados en el mercado y elaboración con vitrocerámicas y hornos que equipan y se emplean en la mayoría de las cocinas.

Parrillada de hortalizas con queso de cabra, gazpacho clásico con un toque de cereza, lasaña hortelana, albóndigas vegetarianas, queso de almendras, flan de huevo y compota de manzana… ¿Verdad que suena muy bien? ¿A qué esperas para descargar el libro y empezar a innovar?

miércoles, 18 de mayo de 2016

Cambiar de dieta para cambiar el mundo

En el año 2008, Rajendra Pachauri, premio Nobel de la Paz y presidente entonces del IPCC, proponía la disminución del consumo de carne como la mejor fórmula personal para luchar contra el cambio climático. Aunque la propuesta sorprendió a muchos, los datos que han ido difundiéndose desde entonces confirman que Pachauri acertó de pleno.

Por ejemplo, un estudio realizado por encargo de la CE cuatro años después (1) concluía que el cambio de dieta es la opción de cambio personal que más reduciría las emisiones en el conjunto del la Unión Europea (se estimaba, en concreto, que una dieta con menos proteínas animales podría suponer un ahorro de emisiones para el conjunto de la UE de 50 Mt de CO2).

Otros datos que apuntan en la misma dirección son los siguientes:
  • Según la Organización Mundial de la Alimentación y la Agricultura (FAO) la ganadería es, después del transporte, el sector que produce mayores emisiones de gases de efecto invernadero (18% de las emisiones mundiales). Concretamente el 9% de las emisiones de CO2 y el 37% de las emisiones de metano y el 62% de las emisiones de NO2.
  • La producción mundial de carne crece de forma espectacular: se ha multiplicado casi por tres desde la década de 1970, aumentando un 20% sólo en la primera década del siglo XXI.
Las elevadas emisiones atribuidas al sector ganadero se deben a varios factores, entre los que destacan:

a) La deforestación causada para obtener nuevos pastos y espacios para el cultivo de plantas forrajeras

Un 10% del terreno agrícola del planeta se dedica a pastos y otro 10% a la producción de cereales para alimentar al ganado. Desde hace bastantes años, aproximadamente el 40% de los cereales del mundo y más de la tercera parte de las capturas pesqueras se emplea para alimentar la cabaña ganadera mundial.

Hoy, el 85% de la cosecha mundial de soja –la fuente más importante de proteína vegetal de alta calidad- se utiliza para la obtención de aceite y harina, y un 90% de la harina se destina a la fabricación de piensos para animales estabulados.

b) El metano producido por los rumiantes en el proceso de digestión

Aunque se hayan hecho no pocos chistes respecto a “los pedos de las vacas”, los datos son difíciles de ignorar: en la actualidad hay unos 3.600 millones de rumiantes en el planeta (principalmente ovejas, terneras y cabras), un 50% más que hace medio siglo. El metano procedente de sus sistemas digestivos es la principal fuente antropogénica de gases de efecto invernadero. Aunque se trata de un gas de vida más corta que el CO2, tiene un efecto de calentamiento 30 veces más potente.

c) La elaboración y transporte de los productos

La carne y sus productos conforman un gran mercado global y la mayoría de las veces, su conservación conlleva gastos de refrigeración importantes.

Algunos expertos creen que, contabilizando todas las emisiones indirectas, el sector ganadero sería responsable de la mitad de las emisiones mundiales de GEI. Incluso admitiendo un cierto margen de error en estas estimaciones, es evidente que lograr la estabilización de las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero es inviable sin plantear cambios de fondo en la alimentación humana.

- carne = + eficiencia en el uso de la energía

Se habla mucho de la necesidad de aumentar la eficiencia con la que usamos la energía. Pero casi siempre las referencias a la eficiencia se hacen para promover la venta de automóviles o electrodomésticos eficientes; casi nadie relaciona el concepto de eficiencia con la alimentación y, sin embargo, cuando comemos carne de animales criados con productos agrícolas -como soja o maíz- que podríamos consumir directamente, perdemos la mayor parte de la energía bioquímica acumulada en las plantas y que podríamos aprovechar directamente. Cada vez que se sube un escalón en la cadena trófica, se pierden aproximadamente las nueve décimas partes de la biomasa del alimento (y la energía química contenida en ella).

Comer bien sin alimentar el cambio climático

Para avanzar hacia una dieta “baja en emisiones hay tres palabras clave que debes retener: vegetal, local y de temporada:

+ vegetal: una dieta con más productos de origen vegetal (o sea, con raciones de carne más pequeñas o menos frecuentes), permite reducir la ganadería intensiva, gran fuente de emisiones.

+ local: el consumo local reduce las emisiones asociadas al transporte de los alimentos

+ de temporada: los productos de temporada limitan el gasto energético asociado a la conservación de alimentos (por ejemplo, el almacenamiento en cámaras frigoríficas) y el transporte “de hemisferio a hemisferio” que sirve para proporcionar alimentos frescos fuera de temporada.

¿Por dónde empezar?

En realidad, la solución la tenemos muy cerca: la denominada “dieta mediterránea”, utiliza tradicionalmente las proteínas de origen vegetal (por ejemplo las contenidas en las legumbres), limitando la necesidad de productos cárnicos. Para que nuestra contribución al cambio climático se reduzca de forma sustancial no hace falta abrazar el vegetarianismo estricto, pero es necesario reducir las raciones de carne o plantearte “días sin carne”.

En los últimos años están apareciendo propuestas interesantes como el flexitarianismo, que propugna una dieta mayoritariamente vegetariana, pero sin descartar totalmente el consumo de carne, que merece la pena conocer. Eso sí, cuando consumas carne, debes ser consciente de que no todas tienen el mismo impacto:

Producir 1 Kg de ternera genera 65 veces más CO2 que producir 1 Kg de patatas.
Fuente: https://www.euractiv.com/ 

Una entrada publicada en este blog en 2013 (2), recordaba que una dieta menos carnívora conlleva beneficios para la salud, la economía, la solidaridad y el medio ambiente… además de beneficiar a la lucha contra el cambio climático. En definitiva, si cambias de dieta, cambias el mundo. ¿Te apuntas?

jueves, 7 de abril de 2016

“R” de reducir: 10 rutinas cotidianas para practicar la “R” más olvidada

Todos estamos de acuerdo: el mejor residuo es el que no se produce. Pero, si queremos actuar sobre el origen del problema, debemos empezar por reconocer que hay una larga serie de pequeñas costumbres, repetidas día a día por millones de personas, que generan grandes montañas de residuos. Y, para evitarlo es necesario replantear cada una de esas acciones, buscando alternativas cuyo resultado final no sea más basura.

Aquí presentamos un pequeño decálogo de opciones cotidianas que pueden permitirnos pasar del dicho al hecho y dar sentido práctico a la “R” de reducir:
  1. Lleva tus bolsas a la compra
  2. Bebe agua de grifo: evitarás un montón de botellas de plástico
  3. Compra a granel (ver "Vuelve el granel")
  4. No imprimas… si no es imprescindible
  5. Huye de los los productos sobreempaquetados y de los monodosis (botellitas & capsulitas, no gracias) 
  6. Rellena… y vuelve a rellenar 
  7. Para llevar el bocata, mejor el portabocadillos (ver "Cómo hacer tu portabocadillos")
  8. Los cubiertos, mejor de metal… y los vasos, de cristal (¿lo decimos más claro?: vasos, platos, cubiertos desechables… ¡no gracias!)
  9. Alarga la vida de las cosas (ver "La cuarta R: reparar")
  10. Evita el desperdicio de alimentos, planificando tus menús, sirviendo las cantidades justas de comida, congelando las sobras… (ver "Consejos para evitar el desperdicio de alimentos")
Y si quieres dar un salto de gigante, utiliza los restos orgánicos (por ejemplo, cáscaras, peladuras y otros restos no comestibles de las verduras) para hacer compost.

Si ya has incorporado todos estos gestos a tus rutinas domésticas… ¡deberías pedir una rebaja en tu tasa de basuras!

@PacoHerasHern 

martes, 29 de marzo de 2016

Pon a trabajar a tus ahorros (a favor de iniciativas éticas y sostenibles)

El dinero que depositamos en los bancos o invertimos en productos financieros puede ser utilizado para fines diversos… ¿Te has preguntado alguna vez para qué o para quién trabajan tus ahorros?

¿Para la empresa de combustibles fósiles que menos aprecias? ¿Para los constructores que maltratan los paisajes que adoras? ¿Para el consejero delegado que conspira en contra de las políticas sociales que defiendes?

Si te temes que tu dinero no trabaja a tu favor, a favor del mundo que quieres ver y de las cosas que te importan, quizá sea el momento de hacer algo al respecto. Ahí van un par de sugerencias:

Sugerencia 1: abre una cuenta en una entidad de banca ética

La wikipedia define la banca ética como “un conjunto de entidades financieras cuyos productos no están condicionados exclusivamente al criterio del máximo beneficio y la especulación. Invierten en economía real, y en algunos casos hasta tienen una estructura interna fundamentada en la participación cooperativa”.

En nuestro país funcionan varias entidades alineadas con los principios de la banca ética:

Bancos de estructura tradicional, como Triodos, que ofrece los clásicos servicios bancarios como cuentas corrientes, domiciliación de nóminas y recibos o tarjetas… Pero que dedican el dinero de los depósitos a financiar iniciativas, empresas e instituciones que promueven la conservación de los recursos naturales y las soluciones respetuosas con el medio ambiente.

Bancos cooperativos, como Fiare, que se define financia proyectos de la economía social y solidaria. Fiare defiende “una cultura de la intermediación financiera bajo los principios de la transparencia, la participación, la democracia y el crédito como derecho” y cuenta con más de 37.000 socios entre Italia y España.

Organizaciones de “servicios financieros éticos y solidarios” como Coop57, que defiende los créditos como “una herramienta de transformación social en positivo”. Coop57 capta el ahorro para canalizarlo hacia la financiación de entidades de la economía social y solidaria que promuevan la ocupación, fomenten el cooperativismo, el asociacionismo y la solidaridad en general, y promuevan la sostenibilidad.

Sugerencia 2: invierte en la producción de energía limpia

Diversas cooperativas de electricidad verde (ver post), como Som Energía o Energética, ofrecen a sus socios la posibilidad de realizar pequeñas inversiones en plantas que producen energía a partir de fuentes renovables. Además, hay empresas, como Ecooo, que ofrecen inversiones en energía solar, tanto a corto como a largo plazo, a través de participaciones en plantas fotovoltaicas comunitarias.

En conclusión, hay alternativas para que nuestro dinero “trabaje” a favor de proyectos éticos y sostenibles. También hay opciones verdes para nuestros ahorros…

jueves, 10 de marzo de 2016

Publicidad y márketing: ¡cuidado con las cerezas azules!

Una de las tareas más complicadas a las que debe enfrentarse un consumidor verde es elegir los productos y servicios más ventajosos entre la maraña de opciones disponible.

Los datos que nos proporcionan los fabricantes y las ecoetiquetas nos pueden ayudar a juzgar el valor de un producto; pero la comunicación comercial no siempre ayuda. Porque, frente a las empresas que destacan las ventajas ambientales de sus productos y servicios de manera veraz, hay otras que tratan de dar “gato por liebre”, publicitando unas ventajas ambientales que no son tales.

En publicidad se suelen evitar las afirmaciones o los datos rotundamente falsos, que podrían dar lugar a quejas o reclamaciones, pero con cierta frecuencia se induce a la confusión, dando a entender  algo que no es completamente cierto.

Una de las fórmulas más comunes para lograr el equívoco es lo que los anglosajones denominan “cherry picking” que, traducido de forma literal, sería algo así como “recogida de cerezas” y que se conoce también como la "falacia de la prueba incompleta" .

El árbol de la imagen puede servirnos para ilustrar la técnica…

Si seleccionamos y mostramos a nuestros interlocutores el par de cerezas azules, pueden pensar que éste es un árbol de cerezas azules. Pero ¿qué podemos deducir cuando observamos el conjunto completo de cerezas que produce el árbol?

Siguiendo la técnica del “cherry picking”, las empresas nos comunican, a través de campañas publicitarias, que trabajan en la obtención de gasolinas a partir de algas, que los plásticos que depositamos en los contenedores se utilizan como materia prima para producir forros polares o bancos de parque o que la energía eléctrica se produce mediante aerogeneradores. Pero, aunque todo ello sea cierto, deberíamos preguntarnos: ¿la empresa del anuncio tiene planes inminentes para comercializar combustibles procedentes de las algas? ¿Los plásticos que se depositan en los contenedores se utilizan habitualmente hacer forros polares o bancos de parque? ¿Qué porcentaje de la energía eléctrica que produce la compañía del anuncio es de origen eólico?

Ante el abuso del “cherrypicking”, nuestro consejo para consumidores verdes: a la hora de elegir, tratemos de ver el árbol en su conjunto y evitemos deslumbrarnos con las cerezas azules.