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miércoles, 16 de noviembre de 2011

La paradoja de la lava-secadora

Frecuentemente, desde estas páginas hemos informado sobre electrodomésticos con mejoras sustanciales en materia de eficiencia energética. Aparatos que desempeñan sus funciones igual (o mejor) que modelos previos y que reducen sus consumos de forma notable. Un síntoma de lo generalizado de estos avances es que las antiguas categorías de eficiencia energética “se han quedado cortas” y ha sido necesario establecer otras nuevas: para el caso de frigoríficos, lavadoras o lavavajillas, se han creado recientemente tres categorías con niveles de eficiencia mayores: A+, A++ y A+++. Y, por otra parte, resulta un alivio constatar que ya no queda en el mercado ni rastro de las antiguas clases C, D, E, F y G, las menos eficientes.
Y ahora, la pregunta del millón: si nuestros aparatos domésticos son cada vez más eficientes, ¿por qué casi nunca gastamos menos electricidad? Según los expertos, la principal razón es esta: porque al tiempo que nuestros equipos aumentan su eficiencia, nuestra colección de electrodomésticos se hace más amplia y los nuevos aparatos “se comen” el ahorro (cuando no aumentan el gasto).
Los optimistas creen que la eficiencia acabará ganando la partida y pronto se traducirá en ahorros netos en los hogares. Los pesimistas, en cambio, creen que nuestra capacidad para inventar – y convertir en “imprescindibles” – nuevos artilugios consumidores de energía, no tiene fin.
La creciente irrupción de las lavadoras-secadoras en el mercado español parece dar la razón a estos últimos. En la mayor parte de España tenemos un clima adecuado para secar la ropa al aire libre, por lo que la popularización de este electrodoméstico desafía a la lógica. Y más aún cuando comprobamos que en estos nuevos aparatos, el consumo de energía por ciclo de lavado-secado multiplica cuatro al que tenía el lavado clásico. Un par de ejemplos para los más incrédulos (sacados de la base de datos de electrodomésticos eficientes del IDAE):

Lavasecadora Bosch WKD28540EE (6 Kg)
Consumo de energía de un ciclo de lavado: 1,02 Kwh
Consumo de energía de un ciclo de lavado y secado: 4,81 Kwh

Lavasecadora Miele WT 2780 WPM (6 Kg)
Consumo de energía de un ciclo de lavado: 0,93 Kwh
Consumo de energía de un ciclo de lavado y secado: 3,74 Kwh

Y una paradoja para finalizar: uno de los reclamos publicitarios utilizados para promocionar algunas de estas nuevas máquinas es… ¡su eficiencia energética! De lo que se desprende que ser eficiente no siempre significa ser ahorrador...
El caso nos invita a recordar que el concepto de eficiencia nos sirve para relacionar unas metas con los recursos requeridos para alcanzarlas. Visto lo visto, la cuestión clave es: ¿Cuáles son nuestras metas? Dicho de otra manera: eficiencia, ¿para qué?

2 comentarios:

  1. kilo va en minúsculas y vatio en mayúsculas, por lo que sería kW y también kWh.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Vatio-hora

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